jueves, junio 12, 2008

Libre mercado = libre accion humana

Hoy día, en Venezuela, hablar de libre mercado significa poco menos que recordarle la progenitora al interlocutor. Esto lo reafirme en una experiencia personal. Por mas increible que me parecia, hace unos dias reunido con amigos de una formación de cuarto nivel aun defendian la intervencion del estado como único medio para frenar el inagotable apetito de ganancias de los empresarios.
Ciertamente, esta vez trate de colocarme en la posición de entender por qué se defiende a capa y espada que el estado intervenga en la economía y que se justificara la expropiacion de propiedad privada, aún cuando ésta ha sido pagada. Lo que resultó claro para mí es un gran miedo a que la gente pueda efectivamente producir bienes y colocarlos a disposición del público al precio que prefieran. No faltaron los recuerdos a las actividades de empresarios que han disfrutado de un monopolio establecido por los cercos económicos y altos impuestos de importación.
Aqui otra vez el miedo hace presencia, porque es inconcebible que los trabajadores queden sin trabajo porque la empresa quebrará si se dejan las fronteras sin impuestos.
Este razonamiento resulta incompleto para poder justificar las acciones gubernamentales para intervenir en la economía. Veamos, por qué.
Primeramente, el derecho de todo individuo de hacer intercambio comercial voluntario es primordial para el avance de la sociedad. Este es el derecho que se violenta con cada medida de restricción de libertad económica que se crea e implementa. Cuando este derecho se defiende y se permite una libre interacción de intercambio sucederá lo que es natural que ocurra, quien desea el bien de intercambio querrá cambiar un menor monto de dinero por él, mientras que quien lo vende lo querrá cambiar por la mayor cantidad de dinero posible. Una vez que esta transacción ocurre, la sociedad gana porque ambas partes se sienten satisfechas. Si la demanda es alta y la oferta poca, los precios tenderán a subir. Caso contrario, si la oferta es alta y la demanda poca, los precios tenderán a bajar.
Para el primer caso, la solución usual del estado es establecer un control de precio. La consecuencia, una escasez del producto en cuestión. La respuesta del libre mercado es que la situación es temporal y en el poco tiempo habrá un incremento de la oferta dada las ganancias económicas que esta implica. La diferencia, en la segunda solución no habrá escasez y todas las partes terminarán satisfaciendo sus necesidades. El precio tenderá a bajar, dado el aumento de la oferta. Sin embargo, el miedo actúa en la sensación de que es mejor controlar que esperar.
Después se encuentra el abuso de empresarios en cuanto a salarios y precios. La permanencia de este tipo de empresario es directa consecuencia del manejo de relaciones con el estado, que justifica una medida de intervención para proteger a los trabajadores. La consecuencia, la sociedad sólo obtiene productos de baja calidad a un alto precio.
La solución del mercado permite la actividad libre de cualquier individuo en cualquier actividad económica lícita. Cuando existen oportunidades de ganancias económicas, los empresarios querrán explotarla a su máxima expresión. Sin embargo, al ser una opción abierta a quien la quiera tomar, existirán mas de un interesado en tomarla, por lo que la tendencia será a desaparecer y estabilizar el precio. Esta estabilidad es sólo durarera unos tiempos muy pequeños, porque las mejoras tendrán lugar prontamente en búsqueda de las preferencias del consumidor.
La actividad del mercado no es mas que los ciudadanos haciendo libre transacciones unos con otros. Esto no quita el riesgo de que existan individuos que quieran tomar ventaja de la inocencia y buena voluntad de otros. Aqui es donde el estado debe intervenir, para que los casos se expongan y puedan establecerse las responsabilidades y los castigos y pagos correspondientes.
Si dejamos libre al mercado, dejamos libres al ciudadano.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

El temor aparece cuando no se sabe cómo manejar la LIBERTAD que tenemos, el bien más preciado. Fernando Savater ya lo decía en su libro Ética para Amador, "como todo el proyecto ético parte de la libertad, sin la cual no hay vida buena que valga, el sistema político deseable tendrá que respetar al máximo -o limitar mínimamente, como prefieras- las facetas públicas de la libertad humana (...) desde luego, un régimen político que conceda la debida importancia a la libertad insistirá también en la RESPONSABILIDAD social de las acciones y omisiones de cada uno".