Es muy probable que este escrito sea leído con escepticismo, si es que alguien lo lee. Lo mas importante para escribirlo no es que llegue a convencer al lector de que realmente para crecer como país la libertad económica es el camino mas seguro sino mas bien para establecer lo que pocas personas en el país creen, que el camino de la riqueza está mas cerca de aceptar el éxito de otros que lo que se quiera admitir.
La libertad económica no es una quimera, pues realmente no todos estamos hechos para aceptar y vivir la responsabilidad de tener de responder por nuestra propia existencia.
Digamos que vemos el éxito de otros como parte de nuestra falta de aceptación.
Lo vemos en la calle a cada rato, cuando un vecino, un amigo, un compañero de estudios, de trabajo, o simplemente una historia de éxito que escuchamos. El primer comentario que se obtiene, con la mayor frecuencia me refiero, es que en algo oscuro debe andar para que le vaya tan bien. Es porque en lo mas profundo de nosotros, nos encontramos con que sólo mediante la trampa o la ilegalidad es posible obtener tal éxito económico. No dejo de ser consciente de que sí muchas personas han usado el atajo de la ilegalidad, pero de quienes hablo son personas que han tomado el riesgo de vivir sin depender del salario, de la seguridad del empleo y se han lanzado al agua del río de la economía libre. Y los vemos que triunfan, y viven una vida feliz, no sin esfuerzos o sin trabajo, pero si con el orgullo propio en alto, al saberse que han tomado responsabilidad de su vida y han roto las cadenas de la dependencia.
Para llegar a esta opción es muy posible que el camino tenga mucha duda y sobre todo, comentarios de lo que significa la locura, sobre todo en estos tiempos. Pero una vez que se lanza al río, no hay mas remedio, hay que nadar.
El lector se preguntara que tiene que ver la decisión de una persona de independizarse económicamente con una libre economía de un país. Pues es prácticamente la misma decisión, sólo que a una escala muy diferente.
En Venezuela nos hemos acostumbrado a quejarnos de la situación económica, pensando que siempre fue mejor en un pasado. Lo que usualmente dejamos a un lado es por qué el pasado fue mejor. El pasado fue mejor porque simplemente era mas libre económicamente. Y cuándo mejor nos iba comenzó el proceso de convencimiento de la población que el petróleo era nuestro y que nadie mejor que el Estado para administrarlo para nosotros. Y así comenzó la dependencia del Estado del petróleo y de la población del Estado. Muy similar a cuando conseguimos el primer empleo, comenzamos a recibir un dinero constante y en vez de invertirlo, nos endeudamos y con el ingreso pagamos las deudas... La carrera de ratas ha comenzado para nosotros como individuos, así como comenzó para Venezuela como país.
Hoy día ha sido tal la distorsión de la economía y nuestra dependencia petrolera, que sólo pensar en liberar la economía para que los ciudadanos nos encarguemos de nosotros mismos es un pensamiento de terror para la mayoría de la población. Igual ocurre con la mayoría de los empleados cuando piensan en el despido, sería una pesadilla vuesta realidad.
Resulta que mientras no rompamos el círculo de dependencia hacia la seguridad del dinero constante no podremos salir de nuestra situación de perdición, en la cual el Estado (o mas bien, los gobernantes de turno) son quienes se apoderan de lo que debería ser nuestro, la decisión de lo que será nuestro futuro.
Ahora, no sólo tenemos una relación de dependencia del petróleo como país, sino que estamos atacando a quienes deciden independizarse como traidores del pueblo y les llamamos egoístas, capitalistas, ladrones del trabajo ajeno, etc.
Resulta que lo que debemos promover es que la mayoría de las personas se independicen, de manera que la dependencia del Estado y por ende del petróleo termine.
Es necesario establecer las normas elementales de respeto al individuo que decide tomar las riendas de su vida económica, que usualmente lleva a mantener una vida sana y de beneficio para la sociedad.
Actualmente la retahíla de controles en la economía impide que crezcamos como individuos y como sociedad.
Venzamos el miedo y creamos en nosotros mismos.
El Estado sólo debe ocuparse de garantizar nuestros derechos a la vida, al pensamiento y expresión, a la propiedad y a nuestro libre albedrío. Todo lo demás, es nuestra responsabilidad. Para crecer como país debemos ser libres, y la primera libertad es ejercer nuestro derecho a decidir por nosotros mismos nuestro futuro.
miércoles, febrero 06, 2008
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